Untitled, part I

Cuenta la leyenda que cuando Dios estaba repartiendo tacto y filtros yo andaba con mi prima en la fila de los cabellos, reclamando por los que nos habían tocado. Con los años y los errores desarrollé un filtro, pensando antes de dar mi opinión como esta podría afectar a quien la estuviera escuchando. Emilia María parece que va a ser una personita muy juiciosita, pues desde que inicié el embarazo perdí mi filtro, aquel que me había tomado tantos años lograr. Ella se adueño de este, dejando en mi una mujer que con opiniones muy firmes y deseosa de compartir estas a todo pulmón. Quienes me rodean han sido requete pacientes, supongo que entienden que es parte del asunto de estar embarazada. Han gozado y se han reído con mis observaciones, pues saben que no tengo malicia, es simplemente que expreso lo que siento. Fueron muy consistentes en recordarme que tengo el filtro perdido, lo que me ha llevado a limitarme al momento de escribir.

La escritura es lo que más me apasiona, paso horas del día haciendo artículos en mi cabeza, pensamientos que nadan en mi, rogando a ser plasmados. La Peccata Minuta nació con el propósito de compartir mis vivencias, con la esperanza de poder ayudar a otras personas, quizás a que se sientan que no están solos, que alguien más pasa por todo tipo vivencias y pruebas. En los últimos meses temía que fuera a escribir un artículo y encontrarme con personas que pudieran verse ofendidas o afectadas. Títulos de la talla de “Como Ser Una Chapi Refinada” y “Mi Frustración Ante Las Kim K Wannabe’s” me mortificaban por horas, loca por escribirlos pero con temor a que no fueran bien recibidos.

Ya estoy a ley de muy poco y parece que mi filtro está de vuelta. Siento una paz y una felicidad que se desbordan en mi, pues es el inicio de una etapa muy esperada en mi hogar. Para mi familia, la llegada de Emilia María es evidencia de lo tan organizado que es PaPa Dios en nuestras vidas. Todo fue cayendo en su lugar, poco a poco, como solo El sabe hacerlo. Con su llegada, también me ha enseñado algo que sospechaba pero que realmente ahora es que estoy entendiendo plenamente: todo es posible, solo tenemos que proponernos a lograr lo que es que queremos.

 

Toda la vida he sido “chubby.” Nunca flaca, flaca. Si he tenido momentos mejores que otros, así como momentos peores. Yo quedé embarazada en el momento que he estado más sobre-peso de mi vida entera.

 

En Octubre del 2013 tomamos la decisión de que íbamos a agrandar nuestra familia. Yo me dejé de cuidar pero simplemente me olvidé de eso. Cada mes que llegaba mi regla nos reíamos y hacíamos algún chiste tipo “Aun estamos a salvo.” Fueron pasando los meses y se fue olvidando el tema. Yo sabía que PaPa Dios la mandaría en su momento, que era solo cuestión de cuando El entendiera que estuviéramos listos.  Yo estaba bajo mucho estrés, trabajando con toda mi fuerza. Mi desahogo era la comida. Siempre lo ha sido. La gratificación que siento al comer la relaciono con buenos momentos. Al final del día me comía algún dulce, firmemente convencida de que me lo merecía. Que equivocada estaba.

 

Llega el mes de agosto, y en menos de dos meses me tocaron tres viajes de trabajo, a Miami dos veces sola y el tercero a Nueva York, con mi esposo. Poco a poco las libras habían ido subiendo, pero yo no me estaba dando cuenta. Uso muchos vestiditos y faldas, ambas perdonan más que un buen par de jeans. Pero era pleno verano, los jeans eran mis enemigos por el calor. Las pocas veces que si los usaba eran los “boyfriend,” que son extra-holgados por naturaleza.

En el tercer viaje solo les puedo decir que nos comimos todo. Entre los hamburgers del Parker Meridien y los de Shake Shack, hot dogs en la calle, los crepes de Nutella en Chelsea Market, bizcochitos en Magnolia’s, fundas de Jelly Belly cuando iba en el taxi y mucho, mucho más. Una locura de comida. Yo no tengo fondo, puedo fácilmente comer cada dos horas. El famoso “Ay, esto no se come todos los días” me tranquilizaba mi consciencia. El dinero que llevé lo invertí en accesorios, por lo que no tuve que pasar momentos incómodos en vestidores. A mi y a mi esposo nos encanta caminar por la ciudad, por lo que estábamos convencidos de que no era tan grave el asunto. Dos hartones se dieron vida por casi una semana en una de las ciudades donde mejor se come del mundo entero.

Llego a mi casa, a la realidad. Ya no venían más viajes, iniciaba un nuevo año escolar para mi hija. De vuelta todo a su rutina.

Lo que menos me imaginaba es que era el principio de muchas otras cosas, cambios que marcarían nuevas etapas de mi vida.

 

A ser continuado.-